EL CINE QUE VIMOS EN 2012

(Este comentario se publicó en enero de 2013 en otro lugar.  Lo he mantenido tal cual, con su redacción original.)

En mi comentario resumen del año 2011 les prometía a ustedes buscar un título nuevo para la próxima ocasión. Debo decir que lo lamento, pero 2012, año de unas cuantas promesas incumplidas, no me ha traído inspiración suficiente para buscarlo. Con título nuevo o viejo, aquí les dejo a ustedes estos comentarios, por si les sirven, para que se reafirmen en las que les gustaron o, mucho mejor incluso, por si les ayudan a ver con buenos ojos películas que no apreciaron a la primera o para ver otras de las que no tenían noticia.
En todo caso, quiero dejar constancia de que este comentario está muy especialmente dedicado, con todo mi cariño y simpatía, a mis niñas de los desayunos: Rosabel, Nayra, Arantza, Elena, Jimena, Ivonne, Erenía, Elsa, Ana, María, María Jesús y Rebeca. Y también a los niños: Diego y José Luis.
UN AMOR DE JUVENTUD de Mia Hansen-Løve (Francia)


Un amigo mío, que sostiene que El caballero oscuro es en realidad una versión actualizada de El séptimo sello, me decía que no tenía perdón la inclusión de El padre de mis hijos entre mis películas preferidas del año pasado y que a saber quién sería la tal Mia Hansen-Løve. A esto último no puedo responder mucho, aparte de que es la pareja sentimental del también director de cine Olivier Assayas. Pero tampoco hace falta más. Por sus películas los conoceréis.
Un amor de juventud es una película por lo visto algo autobiográfica, que cuenta el primer amor entre los adolescentes Camille y Sullivan, ella de quince y el de diecinueve años. Cómo él se marcha a un largo viaje a Sudamérica, de esos en busca de sí mismo, cómo las cartas van menguando (sí, cartas, la historia comienza a finales de los noventa, cuando aún se escribían cartas en papel) hasta dejar de llegar y cómo muchos años después se reencuentran en París, cuando ambos son las mismas personas, pero a la vez muy diferentes ya. Y cómo los puntos finales pueden ser suspensivos y los suspensivos convertirse en finales.
Al presentar la película, hablaba la directora no de exorcizar demonios internos suyos, sino de la necesidad de guardar la huella de cosas que, de otra manera, estarían abocadas a desaparecer, sabiendo que de ese intento de atraparlas surgiría una transformación que la llevaría, no a una reproducción nostálgica, sino a alguna otra parte.
Aunque el punto de partida pueda parecer poco original o francamente trillado, no es tanto una película de primeros amores como el retrato de una personalidad en formación, la de Camille, y su evolución y apertura al mundo. Un amor de juventud no es una película sentimental o romántica, aunque refleje a personas que sí lo son. Y muy especialmente tampoco es nostálgica. Antes bien, como en la anterior El padre de mis hijos, una idea central recorre esta película: el personalísimo aprendizaje de la reconciliación con uno mismo, primero, y con la irrupción de la realidad, después.

BLANCANIEVES de Pablo Berger (España)


Absoluta rareza que, por su carácter aislado dentro del adocenado panorama de la cartelera actual, recuerda al disparo de un francotirador y sin embargo está hecha con el arrojo suicida de un soldado en primera línea de fuego. Muda y en blanco y negro, quizás el éxito de The artist haya favorecido su distribución. Habrá que agradecer entonces que se estrenara antes, cuando por lo visto se gestaron en tiempos parecidos.
Blancanieves es el resultado de una mezcla que funciona bastante bien. Coincide por un lado el sustento argumental del conocido cuento clásico, aunque aquí hasta los nombres están cambiados. Blancanieves es Carmen en esta película. Al argumento se le añade un contexto diferente a cualquiera utilizado antes para adaptar el cuento: aquí, la España de los años 20 y, con más precisión, una España de folclóricas y toreros. Y todo ello se pasa por el tamiz de unas imágenes y una fotografía que intentan ser respetuosas con el modo de filmar propio del cine mudo.
Resumidamente, para que entiendan a qué me refiero, Carmen es hija de un antiguo torero confinado a una silla de ruedas y de una folclórica fallecida al dar a luz. La madrastra es aquí la enfermera con la que el padre se vuelve a casar, una Maribel Verdú que da la impresión de haberse divertido de lo lindo haciendo de mala malísima. Y los enanitos que acogen a Carmen no trabajan en ninguna mina, sino que hacen un espectáculo taurino, tarea para la que ella se revela como muy habilidosa.
Me gustó en general el equilibrio del conjunto, porque contra lo esperado Blancanieves no es finalmente esperpéntica, aunque sí puedan serlo sus personajes y ambientes, sino que luce el mágico y a la vez terrorífico encanto de los cuentos crueles.

DECLARACIÓN DE GUERRA de Valérie Donzelli (Francia)


Dejó escrito François Truffaut en alguna ocasión que las películas del mañana serían un acto de amor. Ignoro en qué momento exacto de su vida lo dijo, pero si tenemos en cuenta que murió en 1984, no creo que estuviese muy en desacuerdo si aventuro por él que ese mañana era 2012 y que Declaración de guerra se ajusta como un guante a su comentario, pues se trata de una película hecha a borbotones de una vitalidad tan contagiosa que se filtra a chorros por entre sus fotogramas. Casi al principio, hay una escena en que la joven pareja protagonista corre por la calle, cogidos de la mano, y pensé que a Truffaut seguramente le habría encantado rodar algo así.
Como quisiera que ustedes se enteraran de qué se trata y que la vieran si tienen ocasión, yo debería explicarles algo del argumento, pero me cuesta mucho hacerlo, porque, explicado negro sobre blanco, el esqueleto argumental no es demasiado diferente de un telefilme de sobremesa sobre graves enfermedades. Y lo que hace a Declaración de guerra diferente es algo que puedo intentar transmitirles, pero estando seguro de fallar en el intento. Es el mérito de haber sabido atrapar la vitalidad de sus personas/personajes y proyectarlo hacia fuera, hacia un espectador que, como me pasó, saldrá del cine con ganas de abrazar a la gente por la calle, de correr y saltar y cantar y reír, todo al mismo tiempo, cuanto más atolondrado, mejor.
Les cuento. La directora y actriz de la película, Valérie Donzelli, y el actor, Jérémie Elkaïm, eran una pareja en la vida real, que tuvo un hijo al que le diagnosticaron un tumor cerebral siendo poco más que bebé. La película cuenta la historia, no tanto de cómo se enfrentaron a la curación de la enfermedad, sino de cómo decidieron tomárselo ellos personalmente, de la actitud que tomaron como pareja y como padres.
Como no es cuestión de hacerles sufrir con un suspense innecesario que la película aclara en las primeras imágenes, les diré que el pequeño superó su enfermedad y que sale en algunas escenas, hacia el principio y hacia el final.
Hay películas, como Declaración de guerra, que lo hacen a uno mejor, o que al menos ayudan a pensar que la vida es mejor de lo que a veces parece.
LOS DESCENDIENTES de Alexander Payne (Estados Unidos)


Espero que no se me enfaden ustedes si hago una pequeña gamberrada con los comentarios. Decididamente, Los descendientes es una de las dos o tres películas que más me gustaron este año, si no la que más. Pero también es la única de la que ya había escrito antes en un año en el que, lo reconozco, me he prodigado poco por La Ventana. Por eso mismo de haberme prodigado poco, se me han quedado fuera otras películas de las que hubiera disfrutado escribiendo pero que, por la aritmética del top ten, no llegan a entrar aquí. Así que remito a mi anterior comentario de Los descendientes repitiendo lo mucho que me gusta y, en su lugar, voy a comentar aquí dos momentos aislados de dos películas que no quiero que se me escapen.
El primero es una escena de Holy Motors de Leos Carax (Francia), película caprichosa e irritante en algunos momentos, pero sumamente libre en el mejor de los sentidos. Si no la han visto ustedes, les diré que tiene varias escenas más o menos independientes, y una por encima de todas merece incluirse en cualquier reseña de lo más destacado del año. Se trata de esa escena en que dos antiguos amantes pasean entre los restos decrépitos de un hotel abandonado y, teniendo veinte minutos para ponerse al corriente antes de separarse y volver a sus vidas fingidas, arrancan a cantar una preciosa canción, Who were we?… Quiénes éramos cuando éramos quienes éramos entonces… Lo que en el contexto de la película (lo entenderán quizás lo que la hayan visto) me trajo a la cabeza unos versos de Fernando Pessoa que vienen a ser algo así:
El poeta es un fingidor

Y finge tan completamente

Que llega a fingir que es dolor

El dolor que de veras siente

Y quienes leen lo que escribe

En el dolor leído siente

No aquel que el poeta dice

Sino el que ellos tienen
Por cierto, anoten por si les interesa que la chica de esa pareja de amantes que se reencuentran es Kylie Minogue. Desconozco si ha hecho otras cosas y si es actriz, pero sí que ayuda a levantar increíblemente el vuelo de la película con la canción.


El otro momento aislado que no quería dejar pasar es un puro capricho personal, lo reconozco. Se trata de un homenaje cinéfilo detectado en otra película francesa, The french kissers, de título absurdamente inglés en su estreno español… En esa película unos adolescentes van a la casa de uno de ellos donde se celebra una fiesta. Hormonalmente obsesionados con la guapísima madre anfitriona (interpretada en esa breve aparición por Iréne Jacob), uno de ellos le pregunta a la mujer que cómo se llama y ella responde que Verónica. Por poco no doy un bote de contento en el cine cuando vi la película, por lo inesperado de la sorpresa y la alegría de sentirme reconocido en el homenaje. La doble vida de Verónica es una película de 1991 protagonizada por una entonces jovencísima Iréne Jacob. Comprendo que a otras personas el homenaje les llame menos la atención. Pero quien, como yo, ha tenido esa película por una de sus preferidas de toda la vida, no podrá dejar de emocionarse al ver que en una película inesperada salta la liebre de que alguien más la tiene en un pedestal.

DRIVE de Nicolas Winding-Refn (Estados Unidos)


Como otros años, siempre hay alguna película que se acaba colando que, en realidad, pertenece al año anterior, pero que incluyo después por haberla visto tarde. Ésta se estreno en diciembre de 2011, pero no la vi hasta enero de 2012. No es original, ni novedosa, pero sí meritoria y lo digo porque hasta para copiar fórmulas requetesabidas y volver a contar lo mismo hay que tener personalidad y saber lo que se hace. Ni siquiera copiar puede hacerlo cualquier persona o hacerse de cualquier modo.
Drive es la historia de un hombre sin nombre (nunca se dice) que tiene por oficio conducir por encargo, para atracadores que quieran un conductor especialista en fugas, para huir de la policía. Antihéroe solitario, de pocas palabras y pasado desconocido, se enamora de una vecina cuyo marido está en la cárcel. Y su vida, naturalmente, se complica.
Si Drive no tiene el mérito de la originalidad, sí tiene otros no desdeñables: como haber rodado las escenas automovilísticas de manera que uno no se pierda y sepa en todo momento dónde está cada coche; como sus preciosas imágenes nocturnas, con esos neones fluorescentes destacados; como su banda sonora; y, lo que más gracia me hizo, como ese inesperado homenaje al Orson Welles de La dama de Shanghai, con el protagonista que cuenta la fábula del escorpión y la rana. Aquella del escorpión que no puede pasar un río, convence a una rana desconfiada para que lo lleve y, cuando están a la mitad del río, el escorpión le pica. Cuando los dos se están hundiendo sin remedio, la rana le pregunta que por qué lo ha hecho si había prometido no hacerlo. Y la respuesta del escorpión: porque está en mi naturaleza.

EL HAVRE de Aki Kaurismäki (Finlandia)


No sé si saben ustedes que esta película estuvo a punto de rodarse en Cádiz, porque querían una ciudad portuaria para ambientarla. El porqué de que al final se situara en la francesa El Havre, lo desconozco, así como el modo en que este cambio pueda haberla modificado. Pero esta El Havre es una amable historia, bienintencionada, luminosa y esperanzada por voluntad propia, protagonizada por desheredados de arrabales europeos. Con un tono de cuento simplificado (qué pena que algunos lo verán simplón), cuénta cómo un escritor desencantado y bohemio, metido a limpiabotas, ayuda a escapar de las autoridades a un chico negro que intenta entrar en El Havre ilegalmente.

El porqué de que Kaurismäki escogiera voluntariamente un tono amable extraña, habiendo visto otras suyas bastante negras, pero también agrada. Del mismo modo que agrada que, lacónico siempre, pero gran observador, el finlandés identifique y aúne diversos modos de infelicidad: a los infelices de la tierra, a los infelices sociales, a los infelices del corazón. Personajes cuya dignidad reivindica esta película y, al menos mientras dura, a los que brinda la oportunidad de un rayo de luz y esperanza o, incluso, la imagen de un cerezo en flor.

LOS IDUS DE MARZO de George Clooney (Estados Unidos)


Como advertirán ustedes por estos comentarios, me gusta George Clooney como actor y como director. También me cae bien. Y aunque mi estimado Luis dice que teme que de un momento a otro le interrumpa una película para venderle una Nespresso, debo decir que a mí me gusta hasta anunciando Nespressos y que de un momento a otro pienso comprarle una.
En su última película como director, y actor secundario, nos cuenta la historia de un joven asesor de un candidato a presidente de Estados Unidos. Y, naturalmente, la historia de la trastienda de una de esas campañas, todo lo que ocurre al otro lado del telón. Y no digo telón por casualidad. Quizás uno de los mayores méritos es la sutileza con la que continuamente identifica la política con una representación teatral sobre un escenario, con su guión escrito de antemano, con sus protagonistas y secundarios, con los apuntadores, con las improvisaciones a mitad de la obra. Una obra representada para atraer la atención de los votantes, pero en la que todo es ficción.
Quizás alguien menos entusiasta que yo por George Clooney pueda opinar que se trata de otra película más sobre políticos corruptos y valores en crisis que previsiblemente identifica la política con una mentira. No es del todo así. Identifica la política con la representación de una ficción, lo que introduce diferentes matices. Den una oportunidad a la película. Y si no les convence, prepárense un café.

MARGARET de Kenneth Lonergan (Estados Unidos)


¿Qué sentido puede tener comentar a finales de año una selección de películas? Para el que escribe el comentario, el sentido de volver a pensar en ideas que le gustaron de las películas que ha visto, o incluso en volver a ver películas completas, si se tiene la ocasión.
Para el que lo lee es distinto. En mi ánimo no está que tomen ustedes mi opinión como la de quien ha emitido un dogma de fe, pero sí que a veces hay películas que previsiblemente van a pasar desapercibidas, por el motivo que sea, y llamar la atención sobre ellas puede ayudar a que en alguna ocasión alguna persona las vea y las aprecie.
De todas las películas de este año, Margaret no es la que más me ha gustado, ni es tampoco una película redonda, pero sí es tal vez la más necesitada de que alguien llame la atención sobre ella para que encuentre su público. Tuvo un estreno en cines fantasmal y en la mayoría de las provincias casi puede decirse que se ha distribuido directamente en DVD. Además, tuvo una producción complicada, con litigios entre productores y director, que la llevó a estar dormida en un cajón varios años y a ser recortada y remontada antes de su estreno definitivo.
La única explicación que se me ocurre es que fuera originalmente muy larga, porque rara sí que no es. Es de la clase de películas que más me gusta, y que no sé si me han oído explicar alguna vez: películas que tratan sobre personas. Cuenta la historia de Lisa, adolescente a cuyo errático crecimiento personal, y a sus tanteos al albur, iremos asistiendo. Todo ello con ocasión de un accidente en el que muere una persona, del que se siente responsable aunque no lo provocara directamente.
El aprendizaje de Lisa de la soledad que siente cuando deambula perdida por las calles abarrotadas de Nueva York, pero también de la melancolía y la culpa por darse cuenta que sus actos pueden tener efectos indeseados en las vidas de otras personas que no conoce. Al parecer, en la intención original de la película, se intentaba retratar la tristeza de la ciudad hacia el año 2005, como consecuencia de los ataques del 11 de septiembre. Con un retraso tan largo en el estreno, esa intención queda difuminada en apuntes que se intuyen, pero que resultan algo lejanos quizás.
Una lástima que la película haya tenido varias versiones, montajes y remontajes. La que yo vi es una versión de dos horas y media en el DVD español, pero al parecer en la edición estadounidense se incluyó como extra una versión de tres horas que podría considerarse la versión del director. Ojalá la veamos algún día.
Quizás les extrañe a ustedes que una película llamada Margaret cuente la historia de una chica llamada Lisa. El título se debe a un poema que se lee en la película en una clase de literatura y que, por lo mucho que me gustó y por el sentido que le da a la película, les pongo por aquí. Se llama Primavera y otoño de una niña, escrito hacia 1880 por Gerard Manley Hopkins (google dixit):
Margaret, ¿estás llorando

el deshoje del Bosque Dorado?

¿De las hojas como posesiones terrenales

tu tierno corazón se preocupa?

Ah, pero cuando envejezcas

con más frialdad verás la naturaleza

Contemplarás, sin malgastar un suspiro,

mundos de pálida hojarasca en tu retiro

Pero te embargará el dolor

he aquí la razón

No importa su nombre, niña,

la fuente del pesar es la misma

Lo que ni tu boca ni tu alma sabían expresar

tu corazón y tu espíritu logran adivinar

El destino marca al hombre nada más nacer

es por Margaret por quien lloras

MILLENNIUM: LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES de David Fincher (Estados Unidos)


Recuerdo lejanamente la primera versión de esta novela, rodada en Suecia para la televisión de ese país y luego estrenada en cines con gran éxito. No vi las otras dos, pero la primera era muy eficaz en relación con sus pretensiones, malsana y oscura.
A esta versión estadounidense le ocurre lo mismo (aunque señalo lo innecesaria que resulta por la falta de novedades que aporta y por lo ridículo de ver una película ambientada en Suecia con personajes suecos, que se expresan en perfecto inglés…). Quizás sea aún más angustiosa e incómoda de ver en lo que tiene de inmersión en las tinieblas, no ya de la mente de un psicópata, sino de una familia y de una sociedad psicopáticas en conjunto.
Muy particularmente, a todos los que leyeron los libros y vieron las películas les llamó la atención el personaje de Lisbeth Salander, esa extraña chica, experta informática, que el autor de las novelas concibió como una Pippi Calzaslargas para adultos. Siendo un personaje de lo más carismático ya en la primera película, quizás en esta versión sea más atractivo aún. Esta Lisbeth no es sólo un personaje cabreado, sino que se acierta a ver la áspera vulnerabilidad que encierra y que en la anterior versión no estaba tan presente.

MOONRISE KINGDOM de Wes Anderson (Estados Unidos)


Preciosa y divertida película, que cuenta en tono de comedia el primer amor y escapada de dos niños incomprendidos y solitarios, en un mundo de adultos egoístas, frustrados e hipócritas que se afanan por mantenerlos separados. Él, un niño rechazado de diversos hogares, que vive en un campamento de boy scouts. Ella, una niña aficionada a la literatura cuyos padres ocultan como pueden el hecho de que están aburridos el uno del otro. Personajes típicos disfuncionales de Wes Anderson, como los de otras películas suyas, de adultos frustrados y adolescentes frustrados por ver que están a punto de frustrarse.
Se fugan los niños, dando pie así a toda una primera mitad de la película absolutamente encantadora como un primer beso adolescente en la playa al son de una canción de Françoise Hardy (Le temps de l’amour). Es cierto que luego, cuando los adultos encuentran a los niños, la película mantiene un saludable sentido del humor, rápido y con chispa pero más mecánico y con menos humanidad. A partir de ese momento, el encanto del principio se transforma en una melancolía que, enigmáticamente, se deja adivinar a retazos, como la nostalgia del paraíso perdido que se disfrutó a tiempo, pero sin la consciencia de su corta duración.

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