EL CINE QUE VIMOS EN 2010

(Este comentario se publicó en otro lugar en enero de 2011.)

Como ya el año pasado se me ocurrió hacer un comentario de las películas que más me habían gustado del año y resultó entretenido hacerlo, he vuelto a picar este año. Al igual que entonces, aclaro que la selección no tiene ninguna pretensión de canon mínimamente fiable, sino que es más bien una oportunidad extra a final de año de volver a comentar películas ya comentadas, o de hacerlo con otras que, por alguna catástrofe, quedaron sin tratar.

COPIA CERTIFICADA de Abbas Kiarostami (Francia, Italia, Irán).

 

Resulta difícil atribuir una nacionalidad a una película, financiada con dinero de varios países, rodada en Italia, por un director iraní, contando la historia de una francesa y un inglés.

También resulta difícil transmitir las ideas de fondo que hay en ella. Contando el argumento por encima, una galerista de arte francesa y un escritor inglés se ven en un pueblo de Italia donde ella vive y al que él ha ido a dar una conferencia. Durante un buen tramo, que en la película ocupa prácticamente un solo día, vemos lo que parece el intento de conocerse, ¿o de seducirse?, de los dos desconocidos. Sin embargo, después de que la dueña de una cafetería en la que entran crea que se trata de un matrimonio que discute, empiezan a comportarse como si fueran tal matrimonio.

El sorprendido espectador nunca llegará a saber a lo largo de la película si son una pareja de desconocidos que, en el juego de la seducción, prolongan el papel atribuido por la confusión de otra persona, o si forman un matrimonio que ha intentado regresar a la ilusión perdida simulando ser unos desconocidos que se descubren mutuamente.

Otra posibilidad, creo recordar que apuntada por el director en alguna entrevista, es que sus personajes fueran todo eso sucesivamente. Es decir, que hubiera intentando representar todas las sucesivas etapas que puede recorrer una pareja sin romper la continuidad temporal de la representación en la pantalla.

Como curiosidad, parece ser que también reconoció Kiarostami haber puesto una parte de su vida personal detrás de un personaje. No detrás del hombre, como cabría esperar, sino detrás de la mujer. Espléndida Juliette Binoche, por cierto, pero ¿qué voy a decir? Reconozco que es una debilidad para mí.

EN TIERRA HOSTIL de Kathryn Bigelow (Estados Unidos).

Con esta película quizás ocurra respecto de la guerra de Iraq como con Apocalipsis now respecto de Vietnam. Siendo cada una de ellas piezas destacadas entre lo que se ha rodado de las dos guerras, en realidad, el contexto bélico concreto es sólo un decorado necesario.

A ésta se le ha reprochado la falta de toma de una postura, de cualquier postura, respecto de las causas de la guerra. No estoy seguro de que eso sea necesariamente un defecto de la película. Una característica, sí, pero no un error. En todo caso, una legítima opción, pues cada uno debe poder contar lo que quiere.

En tierra hostil prefiere retratar el día a día de un grupo de artificieros militares, las relaciones entre los integrantes del grupo, las dificultades para aislar y soslayar la humanidad inherente a toda persona para que no entorpezca el trabajo bélico en cuestión, las dificultades posteriores para recuperar esa misma humanidad en el retorno a la vida civil…

ENTRE NOSOTROS de Maren Ade (Alemania).

A veces se lleva uno sorpresas agradables con películas vistas casi por casualidad y éste es uno de esos casos.

La película cuenta las primeras vacaciones que pasan juntos y a solas una pareja alemana de novios en Italia. Lejos de sus rutinas y de sus ambientes, viven encerrados y volcados sobre su idílica relación, cuando todo es entusiasmo. Prácticamente, no hay grandes hechos, ni más personajes, aparte de otra pareja que aparece luego. Tampoco se necesita más para observar la evolución de la pareja y cómo, en qué momento y por qué aparecen las primeras grietas en su relación, las primeras desconfianzas, los primeros resentimientos.

Saber qué pasará con ellos, si aprenderán (o querrán esforzarse en aprender) a gestionar esos sentimientos entre ellos, si lograrán acertar a hacerlo, es un interrogante que queda pendiente de resolver después de los maravillosos puntos suspensivos con que la película termina. Interrogante subrayado cuando, al oscurecerse la pantalla y salir los títulos de crédito finales, suena la canción How can I tell you, de Cat Stevens, sobre la dificultad para reconocer y expresar ciertos sentimientos. Por cierto, loable uso de una canción en una película, no tanto de acompañamiento musical típico, como de epílogo final que enuncia explícitamente lo que ocurre en el interior de los personajes.

Cautivado por la película, como no sabía nada de quienes la habían hecho (por lo visto es la segunda película de una alemana, pero todavía hoy no sé más), probé a buscar por Internet cuando la vi y me llevé la desagradable sorpresa de que la estaban poniendo fatal, como película aburrida y repetitiva, en la que no pasaba nada. No estoy de acuerdo en absoluto. En realidad está llena de sutilezas, pero la atención para captar esas variaciones en los estados de ánimo de los personajes es como la diferencia que hay entre ver y mirar o entre oír y escuchar.

FANTÁSTICO SR. FOX de Wes Anderson (Estados Unidos).

Pequeña joya del cine de animación que, si no me equivoco, está rodada como lo fue en su tiempo Pesadilla antes de Navidad, con marionetas y muñecos animados fotograma a fotograma.

La película gira sobre la historia de una familia de zorros, después de que el señor zorro del título (¿tan difícil era traducirlo?) metiera a toda su familia en un lío con sus andanzas zorrunas en las granjas vecinas.

Aunque lo verdaderamente interesante no es el conjunto de la historia, sino los detalles aislados, como golpes de humor, homenajes cinéfilos, el nivel de detalle de los muñecos de los zorros y el propio respeto que inspira hacer una película de hora y media, aproximadamente, con este método de animación. A veinticuatro fotogramas por segundo, para rodar la película habrán necesitado componer y fotografiar 129.600 imágenes. Todo un trabajo de chinos.

Si tienen ocasión de verla, recomendaría prestar atención a los diálogos, porque a veces los personajes se hablan unos a otros muy, muy deprisa, y es fácil terminar perdiéndose alguna réplica.

INVICTUS de Clint Eastwood (Estados Unidos).

Era éste un proyecto personal del actor Morgan Freeman, asumido por su amigo Clint Eastwood como un favor profesional.

Se trataba de homenajear y hagiografiar a Nelson Mandela y, para ello, se contaría el episodio de 1995, por lo visto real, de cómo la selección sudafricana de rugby ganó inesperadamente el mundial de la competición organizado en su país. Todo ello, supuestamente, después de que Nelson Mandela motivara con su carismático liderazgo a los integrantes del equipo.

Aunque loable y bienintencionado, el propósito acaba resultando monolítico y excesivamente santurrón al poco de haber empezado la película. Si ésta se salva es por la profesionalidad con la que Clint Eastwood consigue sacarle partido a un material a priori tan poco estimulante. Así, lo más destacado acaban siendo las escenas deportivas de partidos y de equipos, rodadas por alguien conocedor de la tradición del cine clásico estadounidense. Al fin y al cabo, el factor humano (título original del libro en que se ha basado la película) siempre ha sido la materia prima esencial de las mejores películas de su director.

UN PROFETA de Jacques Audiard (Francia).

Mastodóntico ejemplo de cine negro que se toma sus algo largos ciento cincuenta minutos para contar la historia de un chico joven francés de origen árabe, casi analfabeto, que ingresa en prisión por algún delito del que nada se nos dirá.

En la cárcel se encuentra con dos bandas que se guardan las formas mientras desarrollan cada una por su lado sus propias actividades delictivas desde el encierro. Por diversas intrigas y por la propia necesidad de supervivencia en la hostilidad del entorno, acaba viéndose amenazado por uno de los grupos para que asesine a un delator y, una vez que lo ha hecho, se ve sometido a la aplastante protección de quienes le hicieron el encargo. Y ya saben ustedes lo aplastante y peligrosa que en la mafia y en la cárcel es la protección.

El muchacho desvalido del principio irá revelándose poco a poco como alguien resuelto y con una formidable capacidad de observación y de aprendizaje que, haciendo de la necesidad virtud, en cierto momento se ve capaz de desarrollar su propia trama de actividades delictivas al margen de sus protectores e, incluso, contra ellos.

Desagradablemente verosímil, el protagonista de la película consigue sobrevivir a las luchas y venganzas entre bandas, pero por el camino el corderito asustado que entró en la prisión se habrá convertido en lobo.

LA RED SOCIAL de David Fincher (Estados Unidos).

Se suponía que esta película contaba la historia del origen y la creación de Facebook y así es, pero también acierta a vislumbrar más allá de personas y hechos reales o de fechas concretas.

Esta agilísima película, cuyas dos horas transcurren a todo ritmo y terminan en un suspiro, en realidad retrata cierto modo de relacionarse hoy socialmente. No es cuestión de ser tan apocalípticos como para decir que así es la vida en el siglo XXI, pero sí que hay un fondo de verdad en lo que se nos cuenta.

En la primera escena de la película el protagonista y su novia discuten en un bar y, si algo queda claro de la conversación, es que él es incapaz de verla y sentirla a ella como alguien con entidad y personalidad propias, sólo por ello merecedora de atención y consideración. No extraña entonces que luego el mismo chico que no ve a las personas como personas, sino como objetos animados que encajan o no en su mundo, sea a la vez capaz de tener una idea, la dichosa página web en cuestión, que en teoría sirve para que millones de personas en todo el mundo se relacionen socialmente, pero sobre todo para que se relacionen… virtualmente.

Decía que no es cuestión de ser apocalípticos, ciertamente, pero algo de inquietante tiene que las relaciones sociales se puedan valorar no por la valía de la propia amistad, sino por el número de usuarios agregados al perfil virtual. O que las amistades no se ganen o se pierdan entre personas libres e iguales, sino que se acepten o rechacen pulsando una tecla en términos que, se reconozca o no, son de sumisión y dominio. O que dé igual cómo sea la realidad, porque sólo existe lo que está en la red.

En esa línea, hay una escena en que una chica le reprocha al novio que en el perfil de él figure que no tiene novia. La explicación es tan simple como que él no sabía cambiar el dato en la página, pero a ella le da igual. Siendo la realidad virtual la única realidad, que en el perfil de él figure que no tiene novia ya equivale para ella a un motivo para desconfiar del nivel de compromiso del chico y para atribuirle imaginarias intenciones.

Es genial el momento en que se ve al omnipotente creador atrapado en su propia creación como un usuario más, como si toda la vida emocional de una persona dependiera de lo que muestre la pantallita después de darle al botón de actualizar.

TODAS LAS CANCIONES HABLAN DE MÍ de Jonás Trueba (España).

Pese a que por su título podría parecerlo, no estamos ante una comedia pura. Mejor sería utilizar otras expresiones, como tragicomedia, comedia melancólica o agridulce, etc.

El título se refiere al estado de ánimo susceptible y ensimismado en que se encuentra su protagonista, después de que él y su novia rompieran una relación de seis años, sin que llegue a saberse por qué fue. La narración va saltando en el tiempo, mostrando distintos momentos del noviazgo y la convivencia de la pareja, con una fluidez debida a la sucesión de recuerdos y cambios en los estados de ánimo.

Para mayor encanto, la película está aliñada con un aire de familia que recuerda lo mismo a Woody Allen que a cierto cine francés y con una selección de canciones entre las que recuerdo, a bote pronto, a Christina Rosenvinge (con esas canciones suyas que más parecen exóticas flores raras, tan esquivas y hurañas como cálidas y fascinantes en ocasiones).

Si la ven, no se pierdan la escena final, un verdadero discurso del chico a la chica, en que alternativamente la música de la banda sonora parece ahogar las palabras y al contrario. Así a lo largo de varios minutos, en una memorable representación de las ideas que pugnan por salir y lo van haciendo sólo a trompicones.

Aunque no tenga que ver con la película, me pareció muy recomendable el prólogo que Jonás Trueba escribió para la edición del guión de Persona (película de Ingmar Bergman de 1966) que se publicó a principios de este año.

TWO LOVERS de James Gray (Estados Unidos).

De esta película ya hubo algún comentario mío anterior, de rendida admiración, en La Ventana Digital.

No estoy seguro de tener algún punto de vista novedoso de la película sobre el que volver ahora. Quizás estaría bien volver a subrayar la sobriedad y la comprensión con que está contada esta historia de personas que se debaten entre el modo de vida que tienen, por el que se sienten atrapados, y la vida que quisieran para sí, no necesariamente ideal de verdad, pero desde luego sí idealizada en sus sueños.

El sentido de la fatalidad con que se resuelve algún nudo de la película llevó a algún crítico (no recuerdo quién, lo siento, pero desde luego la frase no es mía) a relacionar la película con otras de su director diciendo lo siguiente: las películas de James Gray pueden resumirse del siguiente modo, el protagonista desafía al destino y pierde. Nunca en otras películas suyas fue tan claro lo anterior como en ésta, en que, sin tener que acudir a los lugares comunes del cine de policías y mafiosos, formuló el más poderoso ejemplo de la frase anterior que se le haya conocido en su corta filmografía.

YUKI Y NINA de Hippolyte Girardot y Nobuhiro Suwa (Francia, Japón).

Se trata en realidad de una película estrenada a finales del 2009 pero vista en algunas ciudades durante el 2010, así que aprovecho ahora.

A grandes rasgos trata de la amistad entre las dos niñas del título, que viven en Francia. Una es completamente francesa, pero la otra es hija de un francés y una japonesa. Cuando este matrimonio se rompe y la madre decide volver a Japón con su hija, las dos niñas planean con estrategias infantiles cómo volver a unir a los padres y, ante el fracaso de estos planes, cómo impedir la marcha a Japón.

A partir de cierto momento en que las niñas deciden fugarse y terminan en un bosque, cambia el tono realista de la película y entra en ella un aire de mágica fantasía que convierte en posible ir de Francia a Japón metiéndose por unos arbustos del bosque. Se trata de un recurso expresivo antes que un itinerario geográfico y sirve para presagiar la final aceptación de lo inevitable, la serenidad con la que las niñas terminan asumiendo los cambios que se suceden en sus vidas.

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