“LA GRAN BELLEZA” de Paolo Sorrentino

 

Es inevitable ver La gran belleza y no acordarse de La dolce vita, aquella crónica felliniana de ciertos aspectos de la vida en Roma a finales de los años 50 y principios de los 60.  La gran belleza, esta dolce vita del siglo XXI, refleja (“narra” sería mucho decir) unos días en la vida de unos personajes, artistas o intelectuales en su mayoría, pero también algunos aristócratas venidos a menos y religiosos.  Sus noches de fiesta, sus vidas vacías.  Y en medio de todos ellos, el protagonista Jep Gambardella.  Gran personaje de una película en la que todo es grande, a veces por grandilocuente, a veces de gran intimidad.  Un escritor que cumple 65 años al poco de comenzar y del que iremos sabiendo que publicó una única novela cuando tenía 26 años, que tuvo gran acogida y que luego nunca escribió más.  Con sus sienes plateadas y sus chaquetas de colores imposibles, lleva cuarenta años reinando en la noche romana.  El rey de la mundanidad, como dice de sí mismo.

 

Antes ironizaba a propósito de que la película no narraba, pero sí reflejaba unos días, etc.  No hay aquí una trama con su principio, nudo y desenlace, sino una sucesión de escenas, en su mayoría de fiestas y faranduleo, con intermedios de solitarios paseos nocturnos de Jep Gambardella o de escenas en su casa.  Y su voz en off, desgranando reflexiones y recuerdos, más o menos lúcidos, honestos, conscientes, melancólicos…  Pensamientos en voz alta, casi siempre al filo de enunciar un lamento por la frustración de una vida de exuberancia y frivolidad, de la que el protagonista ciertamente participa, pero con distante indolencia.  Hay un diálogo brillante en una reunión en la terraza del protagonista, en la que espeta a otro personaje, con una pizca de mordacidad y mala uva, que ahí están todos ellos al borde de la desesperación.

 

Como un gatillo argumental, varias veces preguntarán a Gambardella el motivo de que no haya vuelto a escribir en cuarenta años, a lo que vagamente responde que no podría escribir sobre la nada y citando a Flaubert. ¿Y qué mueve a una persona que cuando terminan esos bailes de ánimas se va a su cama, se tumba mirando al techo y se duerme imaginando el mar?  ¿Con qué sueña?  En algunos breves momentos asoma el hombre bajo la máscara, como cuando reconoce que lleva esos cuarenta años buscando la gran belleza, sin haberla encontrado.  Y quizás intuiremos que por las noches sueña con su Rosebud íntimo y personal, con veranos de adolescencia, con la novia de los dieciocho años, con las preguntas que lanzó entonces y que no tuvieron respuesta ni a los dieciocho ni a los sesenta y cinco años, con la gran belleza que parece siempre echar a volar cuando se está a punto de alcanzarla.

 

No quisiera dejar de apuntar la inesperada sorpresa del cameo de Fanny Ardant en uno de los paseos de madrugada de Gambardella.  Qué saludo de buenas noches entre la actriz y él tan inesperado, encantador y cómplice.

 

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2 pensamientos en ““LA GRAN BELLEZA” de Paolo Sorrentino

  1. Muy buen comentario! No la he visto pero hace más que apetecible su visionado! Apuntada queda para las próximas semanas. No me gustaría dejar de recomendarle “Agosto”, es más, le agradecería ciertamente un comentario sobre la misma, historia compleja donde las haya y de la que se puede sacar mucho jugo.

    Buen inicio de semana! 😉

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