RESACÓN 2. ¡AHORA EN TAILANDIA!

Anoche en Antena 3 pusieron Resacón 2.  ¡Ahora en Tailandia!, lo que me hizo recordar que en el momento del estreno escribí sobre la película en otro foro.  En cuanto a la emisión de Antena 3, un aplauso a la cadena por los pocos anuncios que emitieron y un tironazo de orejas por cortar los títulos de crédito del final.  No es exigencia de cinéfilo.  Los títulos de crédito iban acompañados de imágenes que aportaban, aparte de sentido del humor, ciertas claves de la noche de juerga que da origen a la película. 

Copio el comentario, por si alguien quiere leerlo. 

Tenemos aquí la previsible continuación de Resacón en Las Vegas. Pese a su poco distinguido título español, era aquélla una comedia más meritoria de lo imaginable. Cierto que no seguía ni pretendía seguir el añorado estilo de las comedias elegantes de la época del cine clásico, pero sí tenía varias virtudes y una principal entre ellas, la capacidad de sorprender. Para empezar, ¿qué esperarían ustedes de una película con ese nombre? ¿Otra cutrez más de juergas universitarias? ¿O quizás de juergas de instituto? ¿O de treintañeros? Pero en todo caso esperarían ver juergas y desmadres, ¿no? Pues no. 

La primera película contaba la historia de cuatro amigos que iban a Las Vegas a celebrar la despedida de soltero de uno de ellos, que se casaba unos días después. Con las primeras escenas se veía a los cuatro, al inicio de la noche, brindando con champán en la azotea de un hotel. Ahí se fundía en negro la imagen y se iluminaba a la mañana siguiente, con el penoso despertar de los amigos, en un calamitoso estado de salud. Vamos, lo que podríamos llamar muy perjudicados. Además, el novio había desaparecido y no tenían la menor idea ni de dónde lo habían dejado ni de qué habían hecho durante la noche. 

Sorprendentemente, los espectadores se quedaban sin ver la juerga (miento, los títulos de crédito finales sí estaban ilustrados con imágenes de aquella noche). Con el espíritu lúdico de quien hace una travesura a sabiendas, la película había dado con esa elipsis el primero de los varios giros de su trama y había hurtado lo que razonablemente se esperaba de ella. 

El resto contaba los esfuerzos de la pandilla por reconstruir sus embrollados pasos hasta acabar así (que incluían, si no recuerdo mal, un chinito en cueros, palabrotero y malhumorado saliendo por sorpresa del maletero de un coche y también el secuestro de un tigre). 

Debió de tener tanto éxito el primer resacón que el segundo lo imita paso por paso, queriendo acertar en la diana, hasta el punto de convertir la virtud del primero en el principal inconveniente del segundo. 

Si el primer resacón aspiraba a sorprender creando expectativas de previsibilidad en los espectadores que luego se iban quebrando, el segundo resacón sólo aspira a parecerse al primero. También aquí hay una reunión antes de una boda que se desmadra en una elipsis idéntica a la primera. También desaparece uno de los participantes, que al menos esta vez no es el novio, sino un hermano de la novia. Hasta vuelve a aparecer el mismo chinito malhumorado y lenguaraz. 

El resacón tailandés está contado con agilidad y, posiblemente mantendrá el interés para alguien que no haya visto la primera parte. Pero quien haya visto lo que ocurría en Las Vegas seguramente pensará que el refrescante soplo de aire fresco de entonces se ha convertido en una anodina sensación de ya visto. 

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