“VIAJE A SILS MARIA” de Olivier Assayas

Disculparán ustedes que haga hincapié siempre en lo mismo, pero a nuestro gremio de distribuidores habrá que agradecerles que tengan a bien estrenar en España la última película de Olivier Assayas, si bien no acierto a comprender por qué para decidirse a hacerlo han necesitado más de un año desde que se estrenó en el festival de Cannes de 2014. Pero, dado que he aquí la película, pasemos por alto lo largo de la espera y veamos por fin qué propone Assayas esta vez. 

Viaje a Sils Maria nos habla de una actriz de cierta experiencia y reconocimiento profesional (Juliette Binoche) y de su joven asistente (Kristen Stewart), cada una con puntos de vista diferentes sobre el cine y el teatro. Nos habla de los ensayos para la obra de teatro que proponen a la primera, la misma con la que triunfó de joven, pero ahora en otro papel, de mayor edad, de menor ímpetu y apariencia, algo perdedor, sin la aureola gloriosa que se asocia a la juventud. Nos habla de las personas que se quedaron atrás, del miedo a perder la relevancia, el lugar que se ocupaba, de un juego de sutil intercambio de dominios, de una cierta forma de dependencia emocional… 
Echo la vista atrás sobre las películas de Assayas que he podido ver, menos de las que me gustaría, y en la mayoría el transcurso del tiempo aparece como tema principal o veladamente secundario. Quizás no tanto el hecho de este transcurso en sí, como la tensión que se registra entre lo viejo y lo nuevo, la que acarrean los momentos de cambio, de transición, hasta el asentamiento de un status quo diferente del inicial. 
El punto de vista no es siempre el mismo. No puede ser lo mismo el de las ficciones parcialmente biográficas de Finales de agosto, principios de septiembre o Después de mayo que el de la radiografía de la década de los setenta que tan ambiciosa como solventemente se planteaba en Carlos. Y el de éstas difiere de mi preferida entre las que conozco, Las horas del verano, a la vez irónica y serena, moderna y clásica, una fluida asimilación de Renoir, Ozu y Bergman que quizás sólo deba calificarse de assayiana. 
Assayas fue cinéfilo y crítico antes de dedicarse a la dirección y se ve a veces una cierta tensión, un choque, entre sus aspiraciones y lo que luego resulta cuando aborda la película. Quizás a Sils Maria se le vean un poco las costuras, con una especie de división en tres actos (a grandes rasgos, proposición de la obra de teatro, ensayos y estreno) que convierte particularmente la segunda parte en una especie de duelo a solas entre Juliette Binoche y Kristen Stewart. Duelo más bien teórico y frío, impersonal y retórico, pero que también, cierto es, permite ejecutar una fuga bergmaniana y emparentar inesperadamente Sils Maria con Persona, de Bergman, antes que con las más obvias Eva al desnudo o Noche de estreno
Aprecio el segundo tercio por lo mucho que me recuerda a la caída de caretas en Bergman, pero lo que de verdad me gusta de la película es el primer tercio y luego todo lo que viene después de una desaparición que se pretende a lo Antonioni, pero cuyo interés tampoco capto y que creo que distrae más de lo que intriga. Si me gusta el tramo final es porque confirma que Assayas no es ningún torpe y encuentra resquicios de luz incluso en sus películas más retóricas. Y donde digo resquicios de luz entiendan aquí un encuentro que, sin necesidad de vender el alma, es lo bastante mefistofélico como para recordar que el diablo, si por algo sabe, es por viejo. Y que todo lo demás es pasajero, efímero. 

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