«La mamá y la puta», de Jean Eustache

Hoy quería recordar la existencia de «La mamá y la puta» (1973), de Jean Eustache, una película situada en París, en algún momento a principios de los años setenta. Cuenta la historia de Alexandre, Marie y Veronika, principalmente, aunque aparecen más personajes. Alexandre vive con Marie en el apartamento de ella. Mantenido por ella, para más exactitud. Lo que no quita para que conozca por la calle a Veronika, una chica con la que inicia un continuo flirteo de ida y vuelta e intensidad variable.

Es una película larguísima, de casi cuatro horas, pero podía haber durado mucho más o, también, mucho menos. Empieza como una especie de tragicomedia de costumbres sentimentales y sexuales, muy ligada a una época muy concreta, justo después del mayo del 68 francés. Es una película muy, muy hablada. Por la calle, en los cafés, en el interior de los apartamentos, se suceden los encuentros con amigos, conocidos o amantes. Y hablan y hablan de libros y películas, pero también y sobre todo exponen muchas teorías de por qué viven como viven o de cómo habría que vivir.

Y mienten mucho, continuamente, a los demás y a ellos mismos. Porque lo que «La mamá y la puta» termina siendo en realidad es un retrato abierto en canal del dolor y desengaño de sus personajes. Eustache presta mucha atención a sus personajes y recoge sus contradicciones sin juzgarlos. Filma de manera lúcida y descarnada largas conversaciones en que se dejan intuir la hipocresía y el cinismo, quizás la falta de valor, con que envuelven su miedo… ¿a qué? ¿Quizás miedo al fracaso de las utopías sociales y personales que viven o han vivido pocos años antes?

Cuando Philippe Garrel estrenó muchos años después «Los amantes habituales», en 2005, dijo expresamente que había querido hacer una película a la manera de «La mamá y la puta». En sus palabras, más o menos aproximadas, una película que retratara a una generación, la suya, la última que en sus películas aún amaba y hablaba del amor.

Decía que Eustache prestaba atención a sus personajes y diríase también que, además, los entiende y acompaña. Como ejemplo, quería citar un plano que quien haya visto la película no habrá olvidado. Marie (Bernadette Lafont) se ha quedado sola después de una extenuante conversación. Hay una imagen mantenida de ella, tumbada en la cama, mientras suena una canción de Edith Piaf que se oye íntegra.

Una canción íntegra, porque Eustache no quería interrumpir a Marie. Filmó un plano de más de tres minutos en que no se recogía una canción, sino el acto de oír una canción por una persona anímicamente vulnerable y exhausta. Mayor pudor que ése y mayor respeto con la forma fílmica de retratarlo, pocas veces habrá dado el cine a lo largo de su historia.

 

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