UNA PRESENTACIÓN DE PHILIPPE GARREL

Buenas tardes a todos.

Quería comenzar expresando mi agradecimiento al cineclub y especialmente a Gabi, que es con quien he hablado, por la oportunidad de presentar la película de hoy, Amante por un día, del director francés Philippe Garrel.  Me gusta mucho y desde hace muchos años el cine de Philippe Garrel, así que como cinéfilo me siento hoy muy afortunado de poder compartir mi afición con otras personas.  Lo que a mí me gustaría con esta presentación es transmitirles lo afortunados que somos hoy todos por poder ver en una pantalla de cine una película de Garrel.  Quizás para explicarles lo que quiero decir con esto, antes de hablar de la película en concreto, tendría que hacer un pequeño repaso previo y contarles quién es Philippe Garrel, qué películas ha hecho y qué importancia tienen para el conjunto de la cinefilia mundial y para la historia del cine.

Hablaba de la oportunidad y de la suerte.  Amante por un día es la segunda película de Philippe Garrel que se estrena en cine en España.  La anterior en exhibirse fue Un verano ardiente, que se estrenó en 2013, con dos años de retraso y sólo porque Monica Bellucci era una de las actrices y no por ninguna otra consideración sobre Garrel.  Sólo se había estrenado esa película antes y dirán ustedes “bueno, bien”, y yo les responderé “no, muy mal”.  Porque Philippe Garrel no es ningún desconocido, ningún recién llegado, ni ningún joven valor pendiente de madurar.  Para mí, sin exagerar, es de los dos o tres directores de cine vivos en activo más importantes que hay.

Philippe Garrel nació en 1948, tiene setenta años ya cumplidos y lleva desde 1964 haciendo películas.  Cincuenta y cuatro años en activo.  Entre cortometrajes, largometrajes y algún documental, más de treinta películas.  Y ahora Amante por un día es la segunda que se estrena en España.  Por eso es una suerte la que tenemos hoy, porque lo normal es que sus películas no se estrenen y que quienes queramos verlas tengamos que buscarnos la vida.  Dije antes que empezó en 1964, tenía dieciséis años.  En realidad, se cree que hubo un cortometraje aún anterior que luego él consideró apropiado retirar de la circulación, del que no se volvió a saber más y que no suele citarse al enumerar sus películas.  Su primera obra disponible hoy fue un cortometraje, Les enfants désaccordés (“los hijos en desacuerdo”), una preciosa historia de quince minutos sobre una pareja de adolescentes que se aman, que bailan, que corren, que son rebeldes, que se fugan, una historia contada con un apasionamiento un poco loco, pero que deja una impresión muy, muy auténtica.

Philippe Garrel, ya desde tan jovencito, tuvo siempre una conciencia muy fuerte de querer ser un artista.  Lo primero por lo que él se interesó fue por la pintura, durante su adolescencia, y lo dejó cuando quedó convencido de que era muy malo como pintor, según ha contado alguna vez.  Ha sido un hombre también muy interesado por la poesía.  Él seguramente no la ha practicado, pero le queda un poco de la huella de ese interés.  Si se fijan en los títulos de sus películas, suelen ser muy poéticos.  Por ejemplo, El viento de la noche, Les baisers de secours (que podríamos traducir como “los besos de socorro”, “los besos de auxilio” o “los besos de rescate”) o El hijo secreto, aunque este último título, de una de sus mejores películas, no es en realidad original suyo, sino que está tomado de una canción de Juliette Gréco.

Aparte de esa conciencia tan acusada de ser un artista, Garrel tiene también un sentido muy acusado de ser un superviviente.  De hecho, los personajes de las películas de Garrel normalmente son de dos tipos: o son supervivientes o son fantasmas, espectros.  Normalmente, no son fantasmas en un sentido sobrenatural, aunque en alguna ocasión también han aparecido fantasmas o apariciones en sus películas.  Pero es que en su cine es muy palpable la huella que dejan las personas que se van, la huella de la ausencia, el peso de las sombras.  Algunas de sus películas están reconocidamente inspiradas en el recuerdo de personas que él conoció, que murieron, y parecen hechas para convocar su presencia de nuevo.  Algunas de las personas, amistades, amores, que más marcaron a Garrel fallecieron a una edad muy temprana y de una manera trágica.

Para entenderlo bien, hay que contar algunas cosas.  Ahora que recordamos los cincuenta años de Mayo del 68, Garrel es un hombre muy marcado por la sensación de fracaso tras el Mayo del 68, por el fracaso de la revolución, por así decir, por el fracaso de la utopía, el derrumbe de los ideales.  Su visión de lo que fue Mayo del 68, para quien le pueda interesar, la dio en El viento de la noche, de manera algo secundaria respecto de la trama de esa película, y sobre todo en una película posterior, Los amantes habituales, una de mis preferidas suyas.

Y luego, en el aspecto personal y sentimental, Garrel tuvo una relación sentimental con Nico, la modelo alemana, musa y actriz en alguna de las películas de Andy Warhol, como Chelsea girls, cantante de la Velvet Underground, y que había tenido un hijo con Alain Delon que éste se había negado a reconocer.  La relación de Garrel y Nico muy larga, desde que se conocieron a finales de los años sesenta hasta aproximadamente finales de los años setenta, aunque tuvieron sus intermitencias, separaciones y reconciliaciones.  Fue una relación marcada por la adicción a la heroína por parte de ambos.  Hay ahí también un episodio un poco oscuro, de una ocasión en que a finales de los sesenta o principios de los setenta Garrel sufrió un brote de alguna inestabilidad mental o enfermedad mental cuya naturaleza desconozco, fue internado en una clínica psiquiátrica y sometido a tratamiento de electrochoques.  Es un episodio de su vida que es importante conocer, porque luego él mismo lo ha reflejado en alguna de sus películas, quizás especialmente en El hijo secreto.  La relación con Nico, en conjunto, también la ha reflejado en muchas de sus películas, a veces de manera muy directa, a veces de manera más circunstancial.  Algunas de ellas se las ha dedicado expresamente, como J’entends plus la guitare.  Nico, por cierto, murió en 1988, en Ibiza.

Como digo, en su relación con Nico hubo intermitencias.  A mediados de los años setenta, Garrel tuvo también una más breve relación con Jean Seberg, una actriz americana que había intervenido en Al final de la escapada, la primera película de Jean Luc Godard, que había trabajado varias veces con Otto Preminger, que había hecho Lilith, una película de Robert Rossen con Warren Beatty.  Jean Seberg tenía también sus propios problemas anímicos e inestabilidades emocionales y apareció muerta, se cree que suicidada, en 1979.  La relación con Jean Seberg también ha aparecido en cierto modo en muchas de sus películas.  Por ejemplo, en un cortometraje de 1984 llamado Rue Fontaine (“la calle Fontaine”) o en la película La frontera del alba.

Recapitulando, llevamos el fracaso de Mayo del 68, la adicción a la heroína, electrochoques, la relación con Nico larga y difícil, finalmente fallida, la muerte de Nico, el suicidio de Jean Seberg.

Y ahora hablo de Jean Eustache.  Jean Eustache fue un director de cine, diez años mayor que Garrel, pero con el que tuvo relación de amistad y cuyas películas Garrel admiraba.  Muy especialmente, una de ellas, La mamá y la puta, de 1973, una de las películas más importantes del cine francés, que precisamente recoge la sensación de fracaso y desencanto que sobrevino para una cierta juventud después de Mayo del 68.  Resumiendo, les diré que a Jean Eustache, a partir de cierto momento de su carrera, le fue difícil seguir rodando, no encontraba quien financiara sus proyectos, tuvo también problemas serios de salud y en 1981, con cuarenta y tres años, se suicidó de un tiro.  En una película de Garrel de 1993, El nacimiento del amor, van dos personajes caminando por la calle, uno de ellos de repente se para, mira hacia arriba y dice “Mira, la ventana de la habitación donde Jean se pegó un tiro”, y sigue luego la acción de la película.  Es el homenaje que le hizo Garrel a Jean Eustache.  Uno de ellos, porque le ha hecho varios más.

Garrel, como se habrán ido dando cuenta, ha hablado mucho en su cine de cosas de su vida, de las mujeres a las que amó, de los amigos que tuvo, de los que ya no están, de los que murieron o se suicidaron, y ha utilizado con frecuencia el cine para traer de nuevo su recuerdo al presente.  En la película que vamos a ver hoy, Amante por un día, esto ya no es así.  Se reconocen sus temas, se reconoce su estilo, pero los hechos del argumento no son tan fácilmente relacionables con episodios de su vida que conozcamos.  Aunque quizá es pronto para decirlo, da la impresión de que está dejando de hacer películas como hacía antes, como si fueran capítulos que necesitaba contar de su propia vida.

Y, ahora sí, entrando en Amante por un día, es una película que se estrenó en el festival de Cannes de 2017, o sea, que ya llega aquí con un año de retraso.  La película tiene tres personajes protagonistas.  Un profesor de filosofía de unos cincuenta y algo años.  Una chica de veinte años, alumna suya, con la que tiene una relación a escondidas de otros alumnos y profesores.  Y, por último, una hija del profesor, también de veinte años, la misma edad de la amante, que al principio de la película se ha separado de su novio y acude a la casa del padre.  En ese momento descubre la relación del padre y de la otra chica, que ella desconocía.

La película pone en escena las relaciones que se tejen entre los tres personajes y refleja cómo los sentimientos y los estados de ánimo entre ellos van cambiando estas relaciones en la misma medida en que oscilan los propios sentimientos.  Entre las dos chicas de la misma edad hay al principio una cierta tensión, incluso algo de rivalidad, que luego va dando paso a una relación de amistad y de transparencia entre ellas muy bonita y que Garrel refleja con mucho respeto y mucha sensibilidad.  Entre el profesor y su amante, se refleja su relación de pareja y cómo esta relación va cambiando según aparece en ellos el deseo por otras personas, la posibilidad de las infidelidades y según cómo gestiona cada uno de ellos este deseo.  Y luego, para mi gusto, no soy neutral y confesaré que la relación entre el profesor y su hija para mí es la más bonita de la película.

El papel de la hija está interpretado por Esther Garrel, la hija de Philippe Garrel.  Hay momentos en que la película parece estar pensada casi para poder trabajar con la hija, casi como un regalo hacia ella.  En una entrevista, Garrel tuvo una manera muy bonita de explicarlo diciendo que, para él, Amante por un día era como el caso de un pintor que le hace un dibujito a un hijo pequeño.

No es la primera vez que Esther Garrel sale en una película de su padre, sino la tercera.  Ya antes había tenido un papel secundario en una película de 2013, La jalousie (“la celosía” o “los celos”), y lo más curioso es que había aparecido por primera vez en una película de 2001, Salvaje inocencia.  En esa película, hay un momento en que se está rodando una película dentro de la propia película, se ven los decorados, los técnicos, y hay un brevísimo plano en que un asistente se acerca a una niña de ocho años que está jugando por ahí y le dice “Esther, cuando empecemos a rodar te tienes que marchar”.  Esa niña era Esther Garrel, con ocho años, haciendo un cameo en una película de su padre.

Cosas sobre las que creo que merece la pena llamarles la atención.  Pues que es una película de Garrel muy buena.  Si hay alguien por aquí que conozca ya su cine, ya sabe más o menos lo que va a ver y no saldrá defraudado.  Y, si es la primera película suya que ven, pues tienen suerte porque es muy buena película para iniciarse en su cine.

Es una película muy hablada, hay mucho diálogo, pero es también una película muy introspectiva.  El propio Garrel, si lo ven ustedes en alguna entrevista o en algún vídeo, es un hombre muy introspectivo, muy taciturno.  Quienes han trabajado con él describen que es un hombre muy correcto de trato, pero que vive muy encerrado dentro de sí.

Es una película en la que importa mucho la fisicidad de las cosas, el modo en que los personajes se tocan (hay primeros planos de manos entrelazadas, algo que hace mucho, casi siempre hay algún plano así en sus películas); el modo en que los personajes lloran (se llora mucho en sus películas y el llanto no es desmelenado o melodramático, pero se aprecia mucho la textura de las lágrimas, como corren por las mejillas para abajo, lo suele hacer así esto también); el modo en que saca los primeros planos de los actores y, sobre todo, de las actrices.  Garrel tiene gran afición al cine mudo y de ahí le viene esa fijación por los rostros de sus actores y, sobre todo, sus actrices.  Ya lo verán, como hay veces que casi parece que detiene la película; hace un primer plano que dura varios minutos y es como si estuviera simplemente mirando a la actriz de una manera muy intensa, con la película detenida, y luego la película sigue.

La película tiene un sentido del ritmo muy trabajado.  Es muy corta, hora y cuarto, eso lo primero.  Y luego que alterna de un modo muy característico escenas de día y de noche, escenas de interiores y exteriores, escenas con personajes hablando sentados a una mesa o tumbados en la cama con escenas de los personajes caminando por la calle.  Seguramente no lo aprecien ustedes mucho, porque la película es muy sutil, pero es una alternancia muy trabajada: día, noche, día, noche, interior, exterior, interior, exterior, quietos, caminando, quietos, caminando.

Hay una escena también muy llamativa y es algo que Garrel está haciendo mucho desde hace un tiempo y es una escena con una canción y los personajes bailando.  Esto no es mero relleno.  El modo en que los personajes se mueven entre sí importa mucho, lo que la escena nos dice de cómo se desenvuelven, y luego cómo la dinámica entre los personajes ha cambiado para el resto de la película a partir de esa escena.  En su película de 2011, Un verano ardiente, utilizó en una secuencia una canción llamada Truth begins (“la verdad comienza”), y uno tiene la sensación, viendo ese tipo de escenas en las películas de Garrel, de que a partir de ellas y para el resto de la película es cuando la verdad comienza.

La fotografía, en blanco y negro, está muy trabajada.  Garrel se desenvuelve muy bien en el blanco y negro, para mi gusto mucho mejor que con el color.  Verán ustedes que la imagen está muy contrastada, en las escenas con luz, en las paredes, en exteriores, el blanco es muy blanco, y en las escenas de sombras el negro es muy negro.  Es una película rodada en celuloide, en 35 milímetros.  Que es como se había hecho siempre, pero que ya casi no se hace.  La mayoría de las películas se ruedan en digital, pero Garrel sigue ahí, resistiendo, e incluso ha dicho en alguna ocasión que si le obligan a rodar en digital no volverá a hacer películas.

Por mi parte, creo que con esto lo mejor es que veamos ya la película.  Muchas gracias a todos por su atención.  Espero que la disfruten tanto como la he disfrutado yo.

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